¿Recuerdas?
Aquel perfume, aquel lugar, aquella canción. Los juguetes de nuestra infancia, la fotografía descolorida, el vinilo y el álbum de cromos. Nuestro primer reloj, las series del sábado por la tarde. La ropa que fue de moda entonces, el diseño de los vehículos… Toda la entera vida es distinta hoy, y a veces nos ruborizamos si somos sorprendidos reviviendo el pasado. Realizando esa especie de salto al ciberespacio de los recuerdos, con sus voces, olores y sensaciones que quedaron atrapadas en nuestra memoria.

Hemos cambiado, no necesariamente somos mejores, en cualquier caso diferentes y seguramente que echaremos de menos muchas cosas. Nuestra infancia no fue perfecta, carecíamos de ciertas comodidades, pero teníamos lo más importante: el deseo de superarnos, el respeto por los mayores y la satisfacción de saber apreciar la sencillez y lo esencial. Todo eso parece ahora muy lejano, son sensaciones que se han ido, aunque no completamente ni para siempre. No podemos idealizar el ayer pensando que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, porque incluso durante esa época crucial de nuestras vidas, también tuvimos que enfrentarnos a muchos problemas, miedos e incomprensión.

Ahora sin embargo hemos decidido no renunciar a la añoranza, y ese sutil sentimiento de revivir las viejas experiencias ha sido aprovechado por la industria del cine, la literatura y muy especialmente por el comercio, siempre atento y dispuesto a encontrar o reproducir los referentes que el tiempo nos había arrebatado.
El merchandising de los recuerdos puede ayudarnos a recuperar alguno de aquellos objetos, su significado o lo que una vez sentimos por ellos en los retazos de lo que nos evocan ahora.
Madelmans, CineExin, Juegos Reunidos Geyper, el Fuerte Comansi, el Scalextric, aquellos años de la E.G.B… No hace falta escarbar demasiado en el pasado, internet ofrece hoy toda clase de artículos vinculados a la nostalgia. Fragmentos de nuestra vida anterior con la sutileza del primer beso y la tristeza de las despedida

FOREVER YOUNG

Decía la letra de la canción:

«Tarde o temprano todos habrán desaparecido.
¿Por qué no se quedan jóvenes?
Es tan difícil envejecer sin una causa.
No quiero perecer como un caballo que se desvanece».

El caballo desapareciendo entre la bruma del olvido no es una imagen demasiado animadora, y sin embargo, personalmente me siento atraído por el pasado, siento una curiosidad sana por reconstruir patrones de conducta, valores estéticos o el estilo que rezuman las canciones y películas de otras épocas. Las portadas de la revista LIFE de las décadas de 1950-60 siempre fueron para mí muy sugerentes, ya no se hacen revistas de esa calidad.
Como la máxima de que “mucho bueno puede ser malo”, en ocasiones un exceso de nostalgia cruza el umbral que le separa de la tristeza, y entonces es cuando debo regresar al presente, con todas sus imperfecciones y consecuencias, debo sumergirme en las espesas aguas de la realidad y afrontar el sentimiento de pérdida, de todo lo que se quedó atrás en nuestro pequeño viaje de más de cincuenta años.


Una publicación sobre psicología avanzada declaró:

“El peligro de vivir de la nostalgia es perder una gran cantidad de tiempo presente recordando un ayer totalmente desdibujado en la memoria y es que, como si fuésemos artistas, eliminamos o añadimos detalles a nuestros propios recuerdos. La realidad no fue tal y como la recordamos ahora puesto que cualquier escena está determinada por el filtro de la subjetividad y también, de las emociones”.

La Real Academia de la Lengua define “nostalgia”, en su segunda acepción, como una «tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida».
A pesar de ello, de los estudios sobre psicología y la exactitud o confusión de nuestros recuerdos, lo cierto es que a pesar de la tristeza que puede invadirnos de un prolongado estado de nostalgia, la necesitamos y necesitamos revivir de nuevo el pasado para comprender quienes somos y hacia dónde nos dirigimos.

La añoranza por tiempos pasados puede ayudar a estabilizarnos emocionalmente, siempre que no nos empuje a vivir exclusivamente de los recuerdos.
La primera vez que se abordó el tema desde el rigor científico fue en 1688, cuando el médico suizo Johannes Hofer utilizó el término para describir la añoranza que embargaba a los soldados que regresaban.

En 1962 Richard Books adaptaba a la gran pantalla una obra del dramaturgo Tennesse Williams titulada “Dulce pájaro de juventud”, un título apropiado si pensamos en como la huidiza juventud remonta el vuelo en el momento más inesperado. Entre el diálogo de la película se conserva una frase como homenaje a todos los momentos que vivimos en el pasado y que hoy nos invaden de una sutil tristeza llamada nostalgia:

“La gran diferencia entre la gente no está entre ricos y pobres, o entre buenos y malos, sino, entre los que supieron amar intensamente y los que jamás lo lograron porque no conocieron el amor”

 

Que todo lo que hemos experimentado hasta ahora en nuestra azarosa existencia no nos haya dejado simplemente con la sensación de haber envejecido y abandonado nuestras expectativas de futuro. Todavía estamos a tiempo de amar y de hacer que todo lo demás, que todo lo que nos queda cuente.

by Manuel Julián