Es el momento de dejarlo ir, tiempo de pasar página.
Los libros nos enseñaron el significado de estas palabras, el valor de saber olvidar y no mirar de nuevo hacia atrás para no convertirnos en el recuerdo de nadie ni en una estatua de sal. Los libros nos han dado mucho, se han entregado en vida a nosotros a nuestra voraz e insaciable sed de aventura, emociones y conocimiento. Se puede ser tan feliz con tan poco, con una simple historia, un relato que nos acompañe para siempre y al que acudir para reconciliarnos con nosotros mismos, con la vida o con lo que creemos.
La vida quizá sí sería posible sin libros, pero la escritura nace en una ancestral necesidad de comunicarnos, de perpetuar lo que amamos, de advertirnos de los riesgos y crear un legado que trascienda en el tiempo hasta nuestros días, la vida podría continuar si no hubiera libros, pero sería tan triste y monocromática, tan desprovista de sabor e intensidad que ¿por qué deberíamos renunciar a ellos? Que tristeza tan enorme sentimos cuando las nuevas generaciones desprecian la lectura de los libros sin importar cual sea su formato, cuando, a pesar de todas sus oportunidades docentes, se comunican mediante un vocabulario pobre y contaminado, cuando apenas saben hablar o escribir y a pesar de ello les resulta indiferente.
Si pudieran descubrir lo mucho que se están perdiendo, serían capaces de casi todo, incluso de entender la vida de otra manera, más allá de las pantallas, de lo inmediato y visual, más allá de las imágenes embrutecidas e intranscendentes nos aguarda un maravilloso mundo entre las páginas de los libros. De autores que llegaremos a amar porque amamos lo que hacen y lo que despierta en nosotros sus historias. La lectura nos une a aquellos que están leyendo la misma novela que nosotros, que se decepcionan con la adaptación cinematográfica porque ninguna superproducción puede superar nuestra propia capacidad para imaginar o vivir el relato.
Démosle una oportunidad a los libros, inclúyelo en tu lista de buenos propósitos para lo que queda de año, quizá no lo sepas ahora, pero algo muy bueno te está esperando.
Escritor de novelas. Redactor de contenidos para revistas culturales, blogs y páginas webs. Corrección ortotipográfica y de estilo. Writer freelance.