El final del invierno llega con una gran propuesta, la publicación de mi cuarto libro: «MAÑANAS QUE SE PARECEN».

Una trepidante historia que se desarrolla entre Polonia, Barcelona, Múnich y Londres y en la que se entrecruzan las vidas de sus protagonistas con más de una sorpresa y giros inesperados.

Descarga aquí el primer capítulo

Hoy he sido entrevistado por una emisora de radio. Radio TriniJove 91.6FM (Calaix de Llibres, Violant Muñoz) para hablar del lanzamiento de mi nuevo libro y todo iba bien hasta que me han preguntado por qué he tardado tanto en escribirlo. Esa era exactamente la pregunta que me había estado haciendo estos últimos, casi seis años. Soy consciente de que tiro el sedal y dejo que las ideas y las emociones piquen mientras me siento a contemplar el paisaje, pero otras veces he de dejar todo lo que estoy haciendo para lanzarme frenéticamente a la búsqueda de un bolígrafo o un medio donde escribir algo que no quiero que desaparezca de mi mente o que huya de mi lado para siempre.

Pero luego está lo otro, lo de sentirnos desnudos ante las palabras y el miedo a reconocernos en lo que hemos creado. «Mañanas que se parecen» no era mi primera vez, sino la cuarta y la siguiente pregunta no se hizo esperar, ¿por qué mis novelas comenzaban con una serie de descripciones románticos para luego arrastrar al lector a una especie de «Cabalgata de las Valkirias»? Ni yo mismo he sido capaz de ser sincero en mi respuesta; el caos después del primer beso, de la más tierna declaración de amor nos llevaba a una trepidante acción de explosiones, fuego, huidas, miedos y persecuciones.

Ya había abordado la tragedia de la pérdida en mis trabajos anteriores, de asfixiarse en la melancolía de los no regresos y sin darme cuenta, lo que estaba haciendo era cerrar el círculo. En este nuevo libro, el personaje principal cierra la puerta al pasado y mira al futuro con confianza. Deja atrás la quebradiza certeza de las oportunidades para crear su propio camino.

Aquí puedes escuchar toda la entrevista:

Fragmento:

«Ya había visto las típicas películas de acción sobre misiones imposibles, armas camufladas y pasaportes falsos, pero esto era demasiado. No podía creer que algo así fuera real y que estuviera pasándole ahora. Él era un tipo normal con gripes, miedos y resacas, uno que había precisado los servicios de un psicólogo, que se había enamorado una vez y que todavía estaba sufriendo las consecuencias. Abrió la pantalla del ordenador, había una nota adhesiva con el texto: “Adam, Enciende el portátil”.

La misma sensación de no retorno que había experimentado horas antes, regresaba de nuevo a él con mayor intensidad, así que sostuvo dubitativo por unos instantes entre sus dedos la nota amarilla, el papel adhesivo que le apremiaba a conectar el ordenador».

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